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lunes, 10 de julio de 2017

Misterioso mal que afecta a las araucarias es más letal en los ejemplares jóvenes

Entre las adultas, las muertes son muy bajas, pero casi todas tienen daño, desde una hoja hasta copas completas. Los científicos todavía no logran determinar qué las enfermó.

Por: El Mercurio 
Puede ser un hongo, una bacteria, un escarabajo, un gusano; estrés hídrico o cambio climático. Puede ser la suma de dos o más de esos elementos, o todos ellos combinados. Lo concreto es que a más de dos años de conocerse los primeros casos de la misteriosa enfermedad que afecta a las araucarias, todavía los científicos no llegan a un consenso de qué es lo que está ocasionando que estos árboles se infecten y, en muchos casos, que mueran.

Un diagnóstico preliminar fue presentado a fines del mes pasado, en un encuentro realizado en Temuco, donde se conoció el avance de la mesa público-privada de expertos convocada por Conaf, para determinar la actual magnitud y el origen del problema.

El avance de la enfermedad en las 320 mil hectáreas de araucarias que existen en el país ha sido significativo, reconoce la analista de Conaf Aida Baldini. “La cantidad de árboles adultos sanos disminuyó respecto del año pasado, de 18% a 6,5%”, detalla, a partir de la prospección realizada por las universidades Mayor y de la Frontera. Eso significa que el número de ejemplares afectados (desde una hoja hasta copas completas) ya se empina casi al 93% de la población y 1% ha muerto.

La mortalidad de los ejemplares adultos todavía es baja, considera Pablo Cruz, ingeniero forestal de la U. Mayor que encabezó la investigación concluida en mayo. “A nivel mundial, una mortalidad del bosque de 1% es normal, no se sale del marco habitual todavía”, dice.

El mayor problema se presenta entre los ejemplares más jóvenes, que representan entre 10 y 20% del bosque de araucarias. “Casi 14% de esos árboles todavía está sano, pero la mortalidad es de casi 8%, lo que es grave”, dice Baldini.

“Siempre la regeneración es más complicada, pero está un poco fuera de lo normal”, reconoce Cruz.

Podría revertirse

El tiempo que demora la enfermedad en matar a cada individuo está en estudio. “Avanza especialmente durante la primavera y el verano, noviembre y diciembre son los meses más favorables”, reconoce Luis Duchens, jefe de plantaciones de Conaf. No descarta que la enfermedad se siga expandiendo para esas fechas.

El daño podría ser reversible, opina, siempre que encuentren la causa y un método de control. Pero esto todavía se ve lejano, ya que los expertos no coinciden en la causa y manejan distintas teorías.

“Tengo la convicción de que hay un hongo detrás, y cuando vino mi profesor (el fitopatólogo sudafricano Mike Winfield, que fue contratado por Conaf para hacer una prospección) se fue con la misma idea. Uno ve síntomas característicos que llevan a validar la hipótesis”, dice el ingeniero forestal Rodrigo Ahumada, miembro de Bioforest, la unidad de investigación de la Corporación de la Madera (Corma), quien ya ha aislado dos posibles candidatos.

Distinto piensa Pablo Zamora, director de la oficina de la Universidad California, Davis, en Chile. A su juicio, es muy prematuro que algunos investigadores aseguren que ya identificaron al responsable como un hongo o el cambio climático. “Es poco serio hablar de causas cuando no hay evidencia empírica. La mayoría de los reportes que han hecho una parte de los grupos de investigación han sido observaciones de campo, no trabajo en laboratorio”.

Al respecto, Ahumada reconoce que la prueba de Koch será decisiva, es decir, inocular el patógeno en una planta sana y verificar que provoque una enfermedad igual que en el ambiente natural. Ya lo están haciendo y hasta ahora tienen evidencia de un daño leve.

En el caso del grupo de la U. California, Davis, y la UNAB, el objetivo es estudiar las diferentes poblaciones biológicas presentes naturalmente en la planta a nivel genómico. “Analizamos estos organismos directamente en la planta, de costa a cordillera, y cuando ellas están desarrollando síntomas comparamos las plantas enfermas con las sanas, para ver si es un hongo o bacteria el que gatilla la enfermedad”, explica. Hasta ah

ora han encontrado un individuo que está presente 64 veces más en la planta enferma que en la sana. “Eso ya es un indicio. Lo que queremos hacer ahora es correlacionar la presencia de estos organismos con los datos ambientales, para ver si las alteraciones de este gatilla su aparición”.

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