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Como la historia sindical de nuestro país es conocida por todos, pero a veces se olvida o tenemos mala memoria es bueno recordar que el Movimiento Sindical Chileno se ha caracterizado por su largo proceso, difícil, fatigoso e ingrato, en donde los sectores más conscientes y comprometidos con los intereses y motivaciones de la clase trabajadora han entregado lo mejor de sí, en pos de ir mejorando las condiciones sociales, económicas y culturales del sector laboral. En este proceso, el Movimiento Sindical ha encontrado múltiples dificultades para avanzar en su desarrollo, las cuales guardan relación con las diversas trabas que al respecto existen en el ámbito legal e institucional; las falencias de orden económico y el escaso conocimiento que en general tenemos los trabajadores de las formas de estructuración, amplitud y límites del accionar de las organizaciones laborales, los roles y funciones de los dirigentes y socios en los distintos niveles de su estructura (Sindicatos bases, Federaciones, Confederaciones, Centrales Sindicales, etc.)

No obstante lo anterior, y a pesar de dichas dificultades, los trabajadores desde tiempos más antiguos del desarrollo de la producción industrial, por una cuestión innata y consustancial a su naturaleza, han venido buscando formas de organización, que le permitan enfrentar en mejores condiciones las disposiciones o imposiciones de los empleadores, con el único propósito de arribar a condiciones dignas de trabajo y a obtener un pago justo de remuneraciones, conforme a las diferentes categorías de empleo y prestaciones de servicios que se verifican en particular en la unidad productiva o en general en la sociedad.

Como en todo orden de cosas, la organización, como su propia palabra lo indica, requiere de una estructura básica, y sus integrantes deben convenir, acordar, ciertas normas mínimas de funcionamiento, traducidos en deberes y derechos que deben ser respetados por todos sus integrantes, bajo los principios de la democracia, la igualdad de oportunidades, la justicia social y la solidaridad.

Si bien las primeras formas de organización gremial de los trabajadores, se establecieron al margen de la institucionalidad existente, con el paso de los años, y por la propia lucha y desarrollo del movimiento sindical, se fueron conquistando mayores espacios de participación del sector laboral, organizado en la sociedad civil. De esta forma, se dictaron las primeras leyes que regulaban el funcionamiento de los Sindicatos, Asociaciones y otras formas de organización de los trabajadores. Cierto es también, que este desarrollo no ha sido lineal, por cuanto todos sabemos que en distintos momentos el Movimiento Síndical ha sido desarticulado y no pocas veces

dejado al margen de la legalidad por quienes ostentan el poder y se oponen a que nuestro sector social se exprese como corresponde. Pero la misma fuerza natural, la necesidad y la conciencia social de los trabajadores, han posibilitado que una y otra vez la organización renazca, se recupere y ocupe el lugar que le corresponde asumiendo la representación y defensa de sus trabajadores.

En la Corporación Nacional Forestal –todos lo sabemos- aún no existe cultura sindical, sabemos que por largo tiempo no existió ninguna posibilidad de que los funcionarios pudieran organizarse para representar ante los Directivos (muchos de los cuales todavía están usufructuando de los mejores grados) las inquietudes, demandas, reivindicaciones e injusticias.

Debemos recordar que tanto cuando dimos vida a los Sindicatos, como cuando cada uno de estos tomó la decisión de participar en la constitución de la FEDERACION, fueron precisamente las bases los que democráticamente autorizaron a sus dirigentes para que los representasen en todos aquellos aspectos que por Estatutos y/o por Ley le competen a las organizaciones síndicales, pues son los representantes legales.

También es pertinente y necesario señalar que la estructura del Movimiento Sindical es piramidal. Y no podría ser de otra manera. En un Sindicato la Asamblea de socios, elige democrática y soberanamente a sus dirigentes y son estos dirigentes los que forman la Asamblea de una Federación, la cual elige a su propia Directiva que los representa, no elige los cargos sino un Directorio. Ahora es conveniente que el Presidente cuente con el respaldo mayoritario del resto de la Directiva, en caso contrario su gestión se hace inviable, por esto vuelve a operar el viejo principio democrático de que “la mayoría manda” y las minorías se suman.

En general los dirigentes nacionales han entregado a través de estos años (16 años) lo mejor de sí, cumpliendo con nuestras obligaciones, deberes y derechos, velando en todo momento por representar de la manera más eficaz posible, los intereses de todos los trabajadores(as) de Conaf. En este sentido creemos que nos hemos guiado por el camino correcto, a pesar de los inconvenientes, dificultades, deslealtades, mezquinos intereses políticos y personales de ciertos dirigentes y directivos de alto rango.(y que seguramente se volverán a repetir).

Las únicas garantías que ofrecemos a nuestros asociados son, en primer lugar, velar por los intereses de los trabajadores; en segundo lugar, guiarnos por los principios del Movimiento Sindical; y en tercer lugar, respetar cabalmente la Institucionalidad del país y en particular, las leyes que rigen en el ámbito laboral y sindical.

Como rezan nuestros Estatutos, abrazamos la democracia como principio esencial, fomentamos la unidad de los trabajadores y la solidaridad entre hermanos de clase y comprometemos nuestro esfuerzo en el respeto irrestricto a los derechos humanos en general y sindicales en particular.

Reiteramos nuestra voluntad de apoyar el desarrollo y fortalecer nuestros Sindicatos Bases, evitar el paralelismo sindical y fortalecer a FENASIC, porque los desafíos son múltiples y complejos y hoy más que ayer peligra nuestra querida Conaf.

Patricio Argandoña Rojas DIRECTOR FENASIC
 
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